Ser Empresario es una trampa… / Por Leonardo Soto. Economista

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Luego de que has leído y escuchado tanto de mí, hablando de ser empresario, de lo bueno que es, de lo libre que te hace, y de lo necesario que es para el mundo, te encuentras con este título y tal vez lo primero que piensas es: “enloqueció el Economista…” Es posible que sí, aunque todo depende de la perspectiva desde la que se vea.

Hagamos un ejercicio de contexto, piensa en un episodio de tu vida en el que hayas sentido que te falta el aire, que te ahogas, no encuentras solución a un problema que te aqueja, los recursos son escasos, las deudas son muchas, la esperanza ya casi no queda, las situaciones difíciles agobian, miras a tu alrededor y te preguntas: “¿Por qué me pasa esto a mi si soy buena persona?” Quieres correr, escapar, olvidar que el mundo existe, simplemente huir. Algo dentro de ti se quiebra, y tienes dos opciones, entregarte a la amargura de este cruel momento, o hacer algo al respecto. Entonces, en ese momento comienzas a hacerte las preguntas indicadas.

No siempre hace falta una situación difícil en tu vida para que decidas cambiar, pero sin duda, esas situaciones nos mueven al punto de girar nuestro mundo a 180°. La pandemia, por ejemplo, nos demostró lo arrogante que solíamos ser, pensando que la vida tiene un matiz eterno, y que nuestros sueños y el vivir como queremos, puede postergarse indefinidamente porque “siempre hay tiempo”, pero el tiempo demostró lo relativo que es y la urgencia no es sobrevivir en un mundo turbulento, sino hacer lo que queremos por y para nosotros.

Allí es donde entra la trampa que significa ser “empresario”, la promesa de la libertad, de la riqueza ilimitada, la vida llena de excesos, sin responsabilidades aparentes y de lujos ostentosos, la trampa del hacer desde la codicia, desde la avaricia, desde el egoísmo. La trampa que han vendido del empresario irresponsable, que se aprovecha de otros, que maltrata y no valora más que el dinero. Eso han vendido, y eso algunos han practicado por décadas. Pero, eso no es ser empresario, porque en la reconfiguración mundial que vivimos hoy, en el hecho económico que invita a la iniciativa empresarial, debe prevalecer la responsabilidad, el compromiso, la vocación al servicio, el sentido humano y social natural que nace de la más básica empatía, la posibilidad de desarrollar Prosperidad Compartida, la posibilidad de que los sinsabores y carencias temporales de la vida, se puedan enfrentar como una gran familia.

Es posible, es posible hacer el bien y que ello sea rentable, es posible ser millonario y lograr que muchos a tu alrededor también lo sean, es posible lograr lo que aspiras sin quitar a otros una oportunidad desde la envidia, es posible ser mejores empresarios, un empresario nuevo para un mundo nuevo que, aspira ser mejor. Evitemos la “necesidad” de vivir más situaciones difíciles, sentirnos atrapados o indefensos para decidir qué hacer, lo fugaz de la vida es un hecho, y la acción es la única garantía de éxito en un mundo siempre en movimiento.

Revoquemos las creencias limitantes, convirtamos la práctica empresarial en la trampa a la pobreza, a la desidia, al abandono de valores, a la pérdida de la bondad, es posible hacer el bien y que ello sea rentable.

Leonardo Soto

Economista

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