¿Nueva etapa de las TIC y los servicios audiovisuales en Venezuela?

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Portal BANCA Y NEGOCIOS

El servicio de Simple TV se mantendrá sin cobro para sus suscriptores hasta el 15 de diciembre, fecha en la cual se comenzará a facturar el servicio a sus más de 2 millones de abonados, según habría comunicado públicamente la empresa. Asimismo, la empresa subsidiaria del grupo chileno Scale Capital anunció que cerró la compra de Galaxy Venezuela anunciada en agosto, sin proporcionar más detalles sobre las condiciones de la adquisición.

En este sentido, se espera cuál será la propuesta comercial de la empresa, una vez se entiende, se requerirían nuevos precios o tarifas para operar en el país. La expectativa en el mercado es relevante dado que CONATEL se ha erigido como controlador de facto de precios en el sector telecomunicaciones y audiovisual aún cuando el régimen legal tarifario de la mayoría de los servicios sería libre en concurrencia, y debido a la repercusión que dichos planes y ofertas tendrán sobre el resto del mercado.

Son varios los indicadores que muestran que la calidad medida en velocidad, ancho de banda, servicios de valor agregado, nuevas funcionalidades, innovaciones, así como el alcance y acceso medido en despliegue y renovación de infraestructura y redes de nueva generación en el sector TIC y audiovisual en Venezuela muestra rezagos respecto al resto de los países de Latinoamérica. Por ejemplo, con datos del 2016 referidos a la velocidad promedio de las conexiones de Internet en Latinoamérica, se constata variaciones muy significativas de éste indicador en los distintos países de la región. Mientras que en Chile, México, Perú o Uruguay la velocidad supera el promedio regional de más de 5 Mbps en Internet Fijo y más de 4 Mbps en Internet Móvil, en Venezuela apenas se alcanza 2Mbps en el Internet Móvil y un nivel incluso inferior en el Internet Fijo para dicha fecha (destaca en nuestro caso versus al promedio regional la menor velocidad en el Internet Fijo versus el Internet Móvil).

Señalamientos realizados por gremialistas, empleados de operadores públicos de telecomunicaciones y periodistas que cubren la fuente apuntan a un continuado proceso de desconexión de usuarios de distintos servicios tanto públicos de red -agua, gas, electricidad- como de servicios TICs y audiovisuales. Las causas son diversas, desde la ausencia momentánea de operadores como Simple TV, la suspensión súbita de servicios por parte del operador y/o proveedor público y el nivel de cobertura geográfica por parte de los prestadores de servicios, así como la pérdida de capacidad de pago por parte de usuarios y suscriptores (tema último que comentaremos al cierre del presente artículo).

El sector TIC y audiovisual ha venido atravesando, a lo largo de los últimos lustros, un proceso de transformación producto de la convergencia tecnológica y del desarrollo de nuevos modelos de negocios de prestación de servicios de transmisión de datos y contenidos bajo protocolo IP. Este proceso ha facilitado la competencia entre los operadores tradicionales de ciertos servicios -por ejemplo de telecomunicaciones- con prestadores de servicios tradicionales en otros servicios -prestadores de servicios de televisión libre y por suscripción-, así como nuevos prestadores de servicios de contenido por suscripción y vídeo bajo demanda ambos bajo protocolo IP, por ejemplo, Netflix e incluso proveedores de contenido “gratuitos” tipo AVoD (Advertising Video on Demand).

Destaca especialmente los últimos operadores mencionados que desarrollan sus actividades bajo internet abierto, porque constituyen un ejemplo de cómo las distintas capas de la cadena de valor en el sector TIC han sufrido un “unbundling” o desintegración vertical en el sentido que dichos proveedores de servicios de contenido -OTT, over the top- no requieren poseer infraestructura propia como si ocurría anteriormente con los proveedores tradicionales de servicios de telecomunicaciones -voz fija y móvil- y audiovisuales -servicios de suscripción por cable y satelitales-.

Viejos y nuevos operadores y prestadores de servicios tanto respecto a voz, mensajería e Internet, así como contenido, señales y servicios audiovisual se encuentran compitiendo por la audiencia, usuarios y/o suscriptores.

Este proceso de transformación constituye un reto para los Estados y reguladores sectoriales que deben revisar el asidero y la vigencia de viejas regulaciones que basaban su justificación en cuellos de botellas -provisión de servicios o acceso en monopolio- o en “recursos escasos” que han encontrado alternativas y competencia.

La tendencia mundial apunta a dejar que la dinámica y la disciplina de la libre competencia determine los precios finales de los servicios que se encuentran en concurrencia, e incluso se ha encontrado bajo una profunda revisión el enfoque de precios de acceso entendiendo que la renovación de la infraestructura y un mayor despliegue de la misma exige incentivos monetarios para quienes la acometan.

Lo anterior constituye un tema complejo en la medida que exista competencia entre, por un lado los operadores prestadores de servicios finales integrados verticalmente que requieren incentivos para sus acometidas en infraestructura y por el otro lado aquellos prestadores de servicios no integrados que prestan servicios sobre infraestructura ajena.

Adicionalmente, los prestadores OTT ni siquiera requieren para funcionar desarrollar relación alguna de acceso o contrato comercial con los operadores prestadores de los servicios de infraestructura (lo que no significa que se estén desarrollando algunos acuerdos entre estos, pero por otras razones comerciales y estratégicas).

En este sentido, debe existir un balance entre incentivos al despliegue de infraestructura y los incentivos a mantener la competencia (objetivo último sobre el que actualmente se prioriza la regulación de competencia, la cual no exige control previo de precios de acceso, sino un enfoque de “Open Access” que evite pinzamiento de márgenes aguas abajo a operadores igualmente eficientes).

Ahora bien, el caso de Simple TV es interesante, porque como lo asomaría su denominación comercial, resulta evidente que al constituir un operador que integra su infraestructura y tecnología con el servicio que presta de televisión por suscripción, y no constituir un proveedor de infraestructura a competidores aguas abajo: por un lado, la recuperación y viabilidad de sus inversiones y operaciones depende de los ingresos que obtenga exclusivamente por medio de los precios que cobre a sus suscriptores -no posee ingresos de acceso o compartición de infraestructura-, y por el otro lado, se encuentra sometido a las restricciones competitivas dada la variedad de proveedores de contenido que resulten sustitutos proveídos por medio de infraestructura y tecnologías alternativas.

Simple TV cuenta con el handicap de constituir, fundamentalmente, en el mercado venezolano, un proveer de servicios de televisión por suscripción, mientras muchos de sus competidores, constituyen operadores tradicionales de servicios de telecomunicaciones -telefonía fija, móvil, Internet- prestando “recientemente” servicios audiovisuales. Todos estos otros competidores cuentan con las eventuales ventajas de economías de alcance y la posibilidad de ofrecer empaquetamientos de productos que impliquen ahorros transaccionales a sus clientes o que eventualmente se encuentren motivados por razones de apalancamiento de poder de mercado en un tipo de producto para “trasladarlo” hacia el de los servicios audiovisuales.

Por otra parte, Simple TV cuenta con la ventaja manifiesta de una cobertura y un alcance producto de su tecnología, abarcando nichos y mercados geográficos que otros proveedores no pueden actualmente o que podrían más allá del corto plazo. Aún así, lo anterior no se transforma automáticamente en una ventaja en la medida que exista cierta correlación entre dichos mercados geográficos y la pérdida del poder adquisitivo de dichos suscriptores o potenciales suscriptores. En todo caso, no hay que dejar de valorar que la rentabilidad es el único incentivo para ampliar el alcance de la provisión de los servicios, así como incluso el desarrollo de infraestructura de los competidores sobre nuevos mercados geográficos.

En este sentido, Simple TV mostraría a futuro como principal atractivo y estrategia realizar ofertas atractivas de valor a sus suscriptores actuales y potenciales (potencialmente disciplinado por la competencia).

Es el momento de dinamizar el sector TIC y audiovisual en Venezuela, adecuando regulaciones y enfoques a las necesidades de desarrollo de los servicios, la innovación, el despliegue de infraestructura y la competencia. Se requiere, sin sacrificar objetivos de políticas públicas y sociales, realizar un Decoupling -una separación- de objetivos regulatorios. La eficiencia y el desarrollo del sector TIC y de servicios audiovisuales exige dinamismo y competencia entre los operadores, con la libertad de poder competir basados en propuestas de valor (lo que exige libertad tarifaria o de precios aguas abajo).

Los eventuales objetivos de redistribución y equidad, como lo asomaría el premio Nobel de Economía Jan Tinbergen, exigen el instrumento de política pública correcto por objetivo específico -por ejemplo, la política fiscal y de transferencias para objetivos de redistribución-. Imponer sobre un sector específico objetivos de equidad, constituye una política pública no neutral sectorialmente, lo que termina siendo claramente confiscatorio y atentaría en contra de los incentivos requeridos para desarrollar infraestructura e innovación.

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