En Venezuela SÍ hay esperanza. / Por Leonardo Soto

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Imagen Archivo

Artículo Original de Leonardo Soto

Cierra tus ojos un momento y recuerda todo lo que tuviste: A tu familia unida, tu despensa llena, tu vehículo a tu gusto, tu casa soñada, un título universitario sobre la pared que te llenaba de orgullo, el deseo ardiente de vivir hasta el final de tus días en el paraíso caribeño llamado Venezuela. ¿Recuerdas los cumpleaños con amigos, familia y hasta algunos desconocidos? ¿Recuerdas los viajes a los andes del país, a las diferentes playas de nuestra tierra o a lo icónico del urbanismo de nuestras ciudades? ¿Recuerdas las reuniones incómodas pero felices de las familias cada 24 y 31 de diciembre donde las tías te preguntaban cuando te casabas o cuando tendrías hijos?

¿Cómo te sientes al recordar eso?

Creo que es imposible que tu corazón no se arrugue (como decimos en Maracaibo), o en tu garganta no se haga un nudo de nostalgia, pues aquellos momentos los recordamos como felices.

Pero yo creo que no estamos hechos de lo que tuvimos ayer o lo que tenemos hoy, estamos hechos de cómo vivimos con ello, como lo disfrutamos, como aprendemos de eso y que queremos construir a partir de ese deseo ardiente de seguir viviendo en medio de tantas aparentes adversidades.

¿Por qué me atrevo a decirles esto con tanta ligereza?

No me conocen, tal vez a muchos de ustedes no les importe saber quién soy, entre tantas dificultades uno más o uno menos parece no importar mucho. Pero lo importante no es lo que se o lo que tengo, sino lo que soy, y el caso es que soy como tú, una persona común que ha ganado y que ha perdido, y hoy tiene la gran oportunidad de que tú estés leyendo estas líneas:

Cuando yo tenía 18 años, mi madre murió de cáncer de pulmón. Ella lo mantuvo en secreto hasta el último momento. Una mujer enormemente fuerte que no pudo ganar la batalla ante esa enfermedad, y dejó su último hálito de vida entre nuestros sollozos inconsolables. Jamás piensas que alguien tan importante en tu vida vaya a dejarte, menos en tan poco tiempo. Pero se fue, la vida tiene maneras crueles de mostrarnos todos los días lo frágil que es.

Avanzar en la vida, literalmente caminé muchas veces largas distancias bajo la lluvia para llegar a mi universidad, porque no había dinero ni para transporte público. Wow… El deseo de progresar era enorme.

“Una de las cosas más importantes que puede pasarte en la vida, es cuando sientes que no tienes nada, y allí descubres que puedes lograrlo todo” Leonardo Soto

Comía lo que se podía, cuando se podía. Eran otras condiciones de país sí, pero aun así había personas que vivían con carencias, yo era una de ellas. Y bueno, siempre estaba el beneficio de ir a invadir la casa de una buena amiga donde más que alimentos, recibía ese cariño de familia un poco escaso en mi vida. Ella hoy está en otro país, pero se que extraña tanto como yo esos almuerzos de estudio.

Trabajé de ayudante de electricista, y en puestos de comida rápida.

Entre carencias económicas y dificultades, en el año 2007 me gradué de Economista, con 23 años de edad, y el corazón lleno de sueños e ilusiones. Recibí el título sin mi Madre presente, ella siempre deseó con los ojos llenos de lágrimas, poder estar a mi lado en ese preciado momento.

De inmediato comencé a trabajar como funcionario público, un sueldo terrible, pero yo estaba feliz, era mejor que nada. Allí estaba pensando que duraría para siempre y llegaría a dirigir esa institución, los sueños de un joven que apenas comenzaba a conocer el mundo lejos de las aulas de una universidad.

A mis 28 años de edad (al igual que la mayoría de nosotros en el recorrido de nuestras vidas), supe lo que era una gran decepción amorosa, de esas que te cambian la vida sin retorno. Me casé, inocentemente enamorado, cuando crees que todo saldrá bien, que todo saldrá perfecto, así de inocente. Pero la vida y su ironía cruel me gritó: ¡Despierta niño ingenuo! Aún te falta camino por recorrer. Esa noche del matrimonio, a escasos 60 minutos de decir: “ACEPTO” ante un juez, entre fotos, copas y brindis, ella se fue en silencio… Sí, se fue, huyó con otro, cual novela impensable en la realidad, pasó. Entre lágrimas y dudas, dio un giro de 180° a un plan de vida que ambos creímos perfecto.

Éramos dos niños jugando a ser adultos, y ambos fuimos víctimas de nuestros miedos, de nuestras decisiones y nuestras acciones. A partir de allí, solo quedaba aferrarse al pasado, o recorrer nuevos caminos separados, y la segunda opción fue la correcta.

“Las situaciones difíciles que te ocurren en tu vida no te definen, te definen las decisiones que tomas luego de vivir esas situaciones difíciles, por lo tanto la responsabilidad de lo que serás, siempre será tuya” Leonardo Soto.

Hace un par de años partió de este mundo mi abuela materna, de esas mujeres que marcan tu vida, pues dan todo lo que tienen y no tienen por ver a su familia florecer, una fuente inextinguible de amor sincero, una sonrisa pura en medio de tanta dificultad.

Y bueno, para no hacer el cuento más largo: Mis amigos y familiares comenzaron a irse del país (no conozco a mi sobrino mayor), mi empresa de consultoría cerró sus oficinas, muchos de mis clientes cerraron o se fueron del país. He perdido dinero en negocios fallidos, he experimentado sinsabores de la “viveza criolla”, he visto el egoísmo de muchas personas que creen ser superiores a otras, me he desilusionado del mundo, en muchas ocasiones he perdido la esperanza…

Pero, benditos “peros” que llegan para incomodar. Cuando cierro los ojos y recuerdo lo que tuve, más que llorar, sonrío. Sí, sonrío, porque cada momento que viví y no volverá, lo viví bien, lo disfruté, me hizo crecer, me hizo mirar al cielo y recordar que, así como hubo malos momentos, también hubo buenos. Y si hoy hay malos momentos para muchos, mañana construiremos momentos buenos que serán parte de nuestra memoria existencial, y nos permitirán labrar un mejor camino.

Echa un vistazo a tu alrededor, parece que todo está perdido, parece que ya no hay nada más que hacer por salvar este país. El caos social, el virus, el totalitarismo opresivo, la economía en una de sus peores facetas, el colapso de los servicios públicos, la pugna de poder político, el crimen organizado (uniformados y no uniformados). Pensar todo eso sin sentirse mal, es casi imposible, eso te hace humano. Pero (de nuevo los peros), en mi trabajo recorro las calles con frecuencia, ahora menos que antes por la cuarentena, pero cuando tengo oportunidad de hacerlo, además de todos estos problemas, veo a las personas sonriendo, avanzando, planificando algo bueno por hacer. Converso con otras personas, les preocupa la situación obviamente, pero me dices con seguridad: “Saldremos de esto”. Me proponen negocios, me preguntan en qué invertir en estos tiempos turbulentos, se capacitan buscando herramientas para seguir, para mejorar, para crecer.

¡Rayos! (Es una palabra que uso con frecuencia, los que me conocen saben, muy de caricaturas ochenteras) ¿Por qué esta gente no se rinde? ¿Por qué insisten si todo está perdido? Entonces recuerdo mis caminatas bajo la lluvia fría cuando apenas tenía 18 años, y recuerdo que en una de ellas sonreí, con el agua cayendo a torrentes y la noche casi sobre mí, me dije: “Esto pasará y todo estará mejor…”

Y de hecho así fue, pasó y estuve mejor, y en cada situación difícil, visualicé, decidí y me puse en acción para construir eso MEJOR que yo sabía y sé que merezco para mi vida.

Hoy mi empresa consultora funciona en línea, y tengo clientes de todo el país, mis amigos y familiares que no están en el país, a la mayoría le está yendo bien, mi sobrino crece fuerte y sano, encontré un amor real, sincero y puro en una de las mujeres más maravillosas de este mundo con la que me casé. Y me propuse, así como me he incomodado yo, incomodar a muchas otras personas para que recorramos juntos un camino hacía UNA ECONOMÍA DIFERENTE.

“Salir adelante para inspirar a otros, es lo que me apasiona. Si caemos 100 veces, juntos nos levantaremos 1000 veces” Leonardo Soto

Siempre hay oportunidad para un nuevo comienzo, y el número de nuevos comienzos es prácticamente ilimitado, mientras tu deseo de vivir siga allí, puedes comenzar de nuevo.

Ahora somos una comunidad de empresarios, aprendemos juntos, avanzamos juntos, decidimos ser más juntos, porque la prosperidad compartida es la única vía para la prosperidad y el éxito real. Yo, me atrevo a contarte estas líneas porque siento que soy un hombre común que tiene una historia parecida a la tuya, he ganado y he perdido. Y si tú tal vez hoy te sientes mal por todo lo que tuviste y ya no está, recuérdalo, siéntelo, suspira con su ausencia, pero comienza de nuevo, siempre hay oportunidad para un nuevo comienzo.

Y no te hagas el duro, que si al leer esto recuerdas que en tu vida algo parecido pasó, eso no te hace débil o frágil, pues lo que decidiste hacer con cada experiencia de tu vida, determina lo que eres hoy, lo que serás mañana, y lo que dejarás en tus hijos o relacionados en tu rol de líder, en tu rol de promotor del progreso, porque los que hemos experimentado carencias, entendemos que la única forma de ser realmente prósperos, es cuando la prosperidad es compartida, por eso inspiramos a otros (consciente o inconscientemente) para que prosperen con nosotros.

Como dice mi amigo Abraham Figuera: “Lo que estamos viviendo hoy, se trata de las personas…” Por eso hay esperanza, porque millones sonríen, trabajan con el corazón, ayudan a otros de forma sincera, ese es el Poder real que transforma.

Señores…

En Venezuela SÍ hay esperanza

Leonardo Soto

Economista / Dr en Gerencia / Empresario

Email: Lsoto@econleonardosoto.com

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