El dólar en Venezuela: cómo sobreviven quienes solo tienen bolívares

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GETTY IMAGES Image caption Muchos colectivos, como el personal de enfermería, reclaman que se les pague en dólares

Guillermo D. Olmo (@BBCgolmo) Corresponsal de BBC News Mundo en Venezuela

Venezuela se dolariza, pero no todos pueden subirse a ese tren.

De acuerdo con un reciente informe de la consultora Ecoanalítica, las transacciones en la moneda estadounidense alcanzan ya el 53% del valor total de las que se realizan en el país.

En Maracaibo, una de las ciudades más importantes del país y una de las más golpeadas por la crisis económica, ese porcentaje sube hasta el 86%.

Sin embargo, según los estudios, un amplio sector de la población no tiene acceso a la divisa o lo tiene solo muy esporádicamente.

Son muchos los que cobran su sueldo o pensión en bolívares, la moneda nacional, que lleva años perdiendo valor sin freno a causa de la hiperinflación que sufre el país.

Aunque muchos reciben ayuda de sus familiares emigrados o cobran en dólares por trabajos puntuales en la economía informal, los expertos creen que aún hay una mayoría que se maneja en bolívares.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dijo en una reciente entrevista que la dolarización “puede servir para la recuperación” y como “válvula de escape” para la economía del país, que ha perdido más del 50% de su Producto Interno Bruto (PIB) en los más de 6 años que lleva en el poder.

Sus palabras causaron gran polémica, porque suponían una rectificación de la política de control de cambios que durante años llevaron a cabo los distintos gobiernos chavistas y por lo que dijo de los que solo disponen de bolívares.

Maduro afirmó que a estos “los salva la patria”, con el sistema de bonos y ayudas del gobierno.

Maduro
Image captionDespués de años, Maduro rectificó una política llevada a cabo por los distintos gobiernos chavistas y dijo que ahora aprueba el uso del dólar en Venezuela.

Muchos empleados públicos perciben modestos salarios en bolívares y ayudas en forma de pagos especiales y bolsas con alimentos, pero hay colectivos que denuncian que son insuficientes.

También cobran en bolívares muchos de quienes trabajan por su cuenta o en el sector privado.

En palabras de Asdrúbal Oliveros, economista de Ecoanalítica, la dolarización “excluye a los que solo tienen acceso a bolívares, cuya capacidad de compra está severamente limitada“.

Para los venezolanos que viven en bolívares, o “bolos”, como se los conoce popularmente, la vida consiste a menudo en la búsqueda de propinas que no alcanzan, compaginar varios trabajos y una lucha diaria por cosas básicas como la comida, el agua o el transporte.

BBC Mundo conversó con algunos de ellos.

“Me pagan en bolívares o hacemos trueque”

A la casa de la enfermera Francis Guillén empiezan a llegar más bolívares, pero nunca dólares.

Ella lo intenta, pero no lo consigue.

Francis Guillén
Image captionLa enfermera Francis Guillén está pensando en dejar su trabajo en un hospital por lo poco que le pagan.

Hace un año, harta de comprobar que los 420.000 bolívares mensuales (menos de US$15 al cambio) que le pagan en su trabajo en el Hospital Pérez Carreño de Caracas no eran suficientes para cubrir las necesidades de su familia, decidió emprender.

“Empecé vendiendo obleas en el hospital. Después aprendí cómo elaborar champú y geles para el cabello, y mi marido y yo empezamos a venderlos”.

Con los productos para el pelo, dio en el clavo, y su éxito le permitió mejorar sus ingresos, pero siempre en bolos.

Tanto ella como su marido, que la ayuda en el negocio, ofrecen a un dólar el kilo de gel fijador, pero, según cuenta, “casi nadie paga en dólares”.

El trato suele ser 18.000 bolívares por un cuarto de kilo. A veces, incluso, quienes no tienen efectivo les cambian paquetes de pasta o arroz por su producto capilar.

Cómo funciona el trueque en el mercado de Puerto La Cruz

Ni sus compañeros en el hospital, ni los otros fieles de la iglesia evangélica a la que acuden, ni la gente que compra en el puesto ambulante que coloca su marido a diario en el bulevar de Catia, una zona popular al oeste de Caracas, manejan la divisa.

Ella, no obstante, se alegra porque con su nuevo negocio su familia ingresa el equivalente en bolívares a US$200 mensuales, mucho más de lo que le pagan en el hospital.

“Ahora al menos nos alcanza para lo esencial”, dice, mientras observa a su hijo pequeño corretear contento por la casa que habitan en un barrio de ranchitos en la zona de Artigas, en el oeste de Caracas.

“En un buen día de ventas, puedo ganar más que en todo un mes de trabajo en el hospital”, explica.

Francis, no obstante, conserva su empleo allí y participa en los paros y otras protestas que lleva a cabo estos días el personal de enfermería venezolano en demanda de un sueldo digno y contra el deterioro del sistema sanitario público del que culpan al gobierno de Maduro.

Lo hago por vocación. Vengo de una familia de enfermeros y me niego a entregarle la salud a un régimen que está matando a los venezolanos”, afirma.

Francis Guillén
Image captionFrancis empezó a vender champú y geles para el cabello y eso se ha convertido en el principal sustento de su familia.

Pero todo tiene un límite y Francis piensa en dejar su empleo por lo poco que le pagan, la misma razón que empujó a su esposo hace un año a abandonar su puesto en el servicio de Bomberos del Distrito Capital.

Tengo compañeras que hacen trabajos por libre (independiente) y les pagan en dólares en el este de la ciudad”, dice.

En la capital de Venezuela hay un gran contraste entre el oeste, donde vive la gente con menos ingresos, y el este, donde suelen estar los vecindarios de mayor renta.

Recuerda que una vez hace tiempo la contrataron en el este para cuidar de una persona mayor los fines de semana y le pagaban US$10 por seis horas de trabajo. Es de las pocas veces que tuvo ingresos en divisas y un recuerdo que la anima a seguir los pasos de otras enfermeras que dejaron los hospitales públicos para trabajar por su cuenta.

También se acuerda de la época en la que su sueldo de enfermera en un hospital público le alcanzaba para llevarse a su familia de vacaciones a la Isla Margarita.

“Me da mucha pena, porque ahora no podemos pagarlo y mi hijo no ha podido conocer lo maravillosa que es Venezuela”.

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