América Latina en crisis presiona solución política en Venezuela

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Imagen Archivo

Portal BANCA Y NEGOCIOS 05 de Noviembre de 2019

En las dos décadas de gobierno chavista nunca había sido tan relevante el papel de la comunidad internacional en el devenir político de la nación.

Venezuela ha vivido 20 años de pugnacidad política constante, con picos de violencia, pero desde enero pasado, cuando Estados Unidos y los más importantes países de América Latina, salvo México, reconocieron al presidente de la Asamblea Nacional como mandatario interino, tras cuestionar las elecciones presidenciales de mayo de 2018, el resto de los países de la región se han hecho parte activa del conflicto político interno.

Por lo tanto, el cambio que está registrando la dinámica política en América Latina, con el regreso al poder del “Peronismo” en Argentina, el grave conflicto social en Chile, la compleja situación institucional de Perú, el debilitamiento del gobierno en Ecuador, la irrupción de nuevos actores en Colombia que también restan capacidad de ejecución política a Iván Duque, tiene una influencia directa en los escenarios de desarrollo de la política interna.

En nuestra opinión, estos cambios influyen en que:

La estrategia del sector mayoritario de la oposición política de desplazamiento del poder del presidente Nicolás Maduro se hace menos probable. Esta línea de acción ya de por sí mostraba signos de desgaste en principio por el respaldo de la institucionalidad militar al gobierno en ejercicio y la disminución de la conflictividad política abierta.

-Por otro lado, Argentina puede significar un aliado valioso para el presidente Maduro, cuya administración padece una gravísima estrechez financiera por las sanciones estadounidenses. Aunque no es esperable que el presidente Alberto Fernández actúe en los mismos términos de solidaridad con el Ejecutivo venezolano que los gobiernos de Cuba, Rusia, Nicaragua, Bolivia y, en menor grado, China, porque su administración estará muy condicionada en términos financieros y atada a un nuevo acuerdo con el FMI, es posible que surjan corrientes de negocio, especialmente en áreas sensibles como alimentos.

Otro tema que pone presión a la situación política del país es la migración. Según las más recientes estimaciones de Acnur, en 2020 habrá 6,5 millones de venezolanos residiendo fuera del territorio nacional, y más de 50% -siendo conservadores- se ubicará en el resto de América Latina.

Si asumimos la cifra estimada de población del Instituto Nacional de Estadística, el 20,17% del número de habitantes del país habrá escapado de la crisis venezolana al cierre del próximo año. Este es un verdadero drama social, humano, económico y demográfico para Venezuela, pero también un factor de crisis determinante en el resto de la región.

Dos datos concretos para dejar sentada la magnitud del impacto: diversas agencias de la ONU estiman que serán necesarios no menos de 3.900 millones de dólares en gasto público consolidado para apuntar las infraestructuras de salud, educación, asistencia social y de servicios en los principales países receptores para atender la demanda generada por el éxodo venezolano.

Por otra parte, el Fondo Monetario Internacional señaló que la migración nacional y la crisis histórica de la economía venezolana restan 16,6% a las expectativas de crecimiento en América Latina en 2020.

Consideramos que América Latina, vistos los fracasos de los ajustes económicos en Argentina y Ecuador, motivados o no por una herencia muy pesada en lo financiero, junto con el debilitamiento de toda la institucionalidad en Chile, derivada de un muy severo descontento social, entre otros factores locales y regionales, pueden crear el caldo de cultivo para cierta restauración populista en la región en los próximos años, lo que no significa que la situación del gobierno del presidente Nicolás Maduro mejore radicalmente, porque el factor clave de la coalición internacional que lo adversa es Estados Unidos.

De cara a Venezuela, lo que observamos es una mayor presión interna y, sobre todo, externa para comenzar a resolver la crisis y, por lo tanto, asumimos que habrá un fortalecimiento de las opciones de diálogo político, aunque será un camino muy complicado, como la forma menos costosa y la única posible a la vista, de darle un vuelco a una crisis que ya acumula siete años de recesión y más de dos de hiperinflación.

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